El ¡Hay que publicar un yogurt! es una categoría del psicoanálisis onírico, que alude a aquellas palabras, frases o diálogos en los sueños que provocan que nos despertemos a carcajadas incontenibles.
A esta categoría pertenece el siguiente diálogo onírico, registrado en un camión de línea, ruta D.F.-Guadalajara, alrededor de las 3 am:
A - ¿Te estás pintando la ceja?
B - ¡No manches! Yo no me pinto la ceja.
A - ¡La cabeza se esponja!
B - ¡Yo no me esfero la cabeza!
martes, 26 de octubre de 2010
Schopenhauer dice que tanto la vigilia como el sueño son hojas del libro de nuestra vida; la única diferencia es que la primera es como leer de corrido, y el segundo, hojas sueltas y al azar.
Me recuerda un poco al sentimiento de la vida viajera: mi casa está ahí, en algún lugar, pero yo, esta noche, bien puedo llegar o no llegar. Si quiero demorarme en el baño, o si quiero dormir calientita en una cama, tengo que hacer memoria: ¿dónde estoy? ¿dónde pasaré la noche? (sobre esto último, por cierto, sólo cabe especular). Las respuestas dependerán de la página en que me encuentre, y no parece tener nada que ver con la secuencia lineal de los libros.
¿Saben si Cortázar era schopenhaueriano?
lunes, 11 de octubre de 2010
Tabachines
En estos cuadros de la ciudad sabemos de tabachines. No nos damos cuenta, pero ellos son los que nos dan patria.
Las flores del tabachín se encuentran pisadas contra la banqueta rojiblanca, flotando en los charcos negros del pavimento, cubriendo los techos de los coches, acumuladas en las esquinas entre jacarandas y buganvilias.
No nos damos cuenta, pero en estos barrios tenemos alma de tabachín, y todo lo que hacemos es de tabachín.
Las flores del tabachín se encuentran pisadas contra la banqueta rojiblanca, flotando en los charcos negros del pavimento, cubriendo los techos de los coches, acumuladas en las esquinas entre jacarandas y buganvilias.
No nos damos cuenta, pero en estos barrios tenemos alma de tabachín, y todo lo que hacemos es de tabachín.
Lo que el gato hace de mí
Es curioso lo que su gato puede hacer de una. Él quiere salir del cuarto: es obvio que escuchó algo interesante afuera. Se acerca a la puerta, me mira, y sabe que sé que espera que le abra. Yo no me cuestiono si le abriré o no, o si me da pereza pararme de la cama. Simplemente respondo a su deseo: soy una pieza del universo que él comanda en silencio.
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