Y lo queremos por muchos motivos, pero hoy lo pienso a partir de dos de las reglas de escritura de la escuela de Barbiana: saber a quién se escribe y escribir algo útil.
Estas reglas me parecen muy bien (tanto, que las elevaría a principios redentores de la educación mexicana) excepto para el arte. El arte tiene la prerrogativa de no seguir reglas, puesto que sólo él mismo puede determinar sus formas, sus métodos y sus fines.
El arte, dice Schopenhauer, es la aprehensión directa de las cosas en sí. No queda enganchado en la cadena de la causalidad que presenta las cosas como eslabones de los cuales hay que tirar para satisfacer necesidades.
Así que me parece justo: las reglas de escritura de Barbiana debemos seguirlas casi todos, pero no la literatura. Ya sabrá ella lo que hace.
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